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¿Cómo mantener bien los suelos?

Autor:
Administrator
Fecha creación:
Viernes, 20 Noviembre 2009
Revisada:
Viernes, 20 Noviembre 2009
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Respuesta

 

 

Si pensamos reparar las baldosas dañadas se tendrá que proceder al arranque de las baldosas sueltas y rehacer el pavimento, con mayor o menor cantidad de procesos (dicha cantidad dependerá sobre todo de la clase de materiales existentes, de su buena conservación, del tipo de aglomerantes, etcétera) y con un aglomerante idóneo, y efectuar la consolidación de los elementos desprendidos.

Preparación y limpieza del suelo

La pieza o las piezas mal asentadas puede que no resulten fáciles de desalojar de su asentamiento, pese a no tener un agarre efectivo.

Normalmente se podrán quitar de su sitio apalancando sus bordes (con un par de cuchillos o de destornilladores) después de haber eliminado los restos de relleno de sus juntas.

Hay veces, cuando las baldosas tienen la superficie muy lisa y fina, en que se podrán sacar de su sitio utilizando una ventosa.

Desalojadas las baldosas sueltas, hay que limpiar bien todo el espacio en donde se hallaban asentadas, tanto el fondo como los lados de las baldosas limítrofes, así como las propias baldosas que se van a consolidar, en las cuales es bastante frecuente que queden algunos restos del anterior aglomerante.

Habrá ocasiones en que incluso se tendrá que arrancar parte del solado, debido a su mal estado o para proporcionar sitio en donde se pueda poner el nuevo mortero destinado a la consolidación.

Hay que procurar no arrancar mucho material del solado, sino el que solamente se requiera para recibir el mortero nuevo. Asimismo resultará mejor, para facilitar la igualación de la baldosa con respecto a las colindantes, que dicho mortero no sea muy espeso.

Si la baldosa suelta no había llegado al grado de sobresalir respecto a las demás, es muy posible que con un ligero rebajado del solado y con una limpieza de los lados pueda ser reafirmada con una ligera lechada de mortero.

En cambio, hay ocasiones, especialmente en pavimentaciones viejas y realizadas con materiales no tan perfectos como los más recientes de tipo hidráulico, en que no habrá otro remedio que rehacer prácticamente el solado (ver segunda secuencia fotográfica).

Humedecido de asentamiento y baldosa Con el fin de que la reconsolidación de una baldosa facilite el agarre del nuevo material aglomerante utilizado es muy importante contribuir mediante un remojado a fondo, tanto de las baldosas como del sitio en donde se tendrán que volver a colocar.

Después de limpiar de restos las baldosas, convendrá inmergirlas durante un buen rato. Una palangana u otro recipiente grande servirán para el caso.

Es muy probable que las baldosas, que no se han podido limpiar perfectamente antes, se puedan limpiar ahora, ya que el remojo permite el reblandecimiento de los restos de aglomerante.

Asimismo se deberá mojar a fondo el sitio ocupado por las baldosas y que se tendrá que recubrir con el aglomerante.

Materiales aglomerantes

En principio, cualquier cemento, tanto de fraguado rápido como lento, podrá servir para el caso. Un mortero de cemento y arena -pero muy fina- también valdrá para la consolidación. El espesor de la mezcla se tendrá que realizar en función de la cantidad de nuevo material que haya de emplearse para recibir cada baldosa dentro del asentamiento. Es decir. depende de que se haya quitado muy poco material del solado o, por el contrario, que se haya profundizado mucho.

Relleno y asentamiento

El material aglomerante, que como ya se ha dicho es conveniente que sea más bien fluido, se reparte por todo el ámbito en que se tendrá que asentar la baldosa: rellenar el fondo (cuidando que un exceso de cantidad no obligue a sobresalir la baldosa) y proporcionar igualmente una delgada capa a los bordes de las baldosas adyacentes.

Antes de efectuar el relleno, será adecuada una comprobación del espacio a rellenar, introduciendo las baldosas en el sitio donde se tendrán que afirmar.

Para facilitar esta comprobación y poder alojar y desalojar la baldosa, resultará práctico colocar un cordel delgado atravesado sobre el hueco, para que, al querer sacar la baldosa ya insertada, resulte fácil quitarla tirando de los extremos del cordel. a Ya introducida la baldosa en el agujero, se habrá detectado la cantidad de material aglomerante que hay que aportar, según la pieza penetre más o menos en su alojamiento.

Después de rellenado con el mortero (más o menos denso o como una simple lechada fluida) el asentamiento, se coloca la baldosa y se hace penetrar en su alojamiento golpeando sobre ella con el mango de una maceta o martillo (y preferiblemente sobre un trozo plano de madera sobrante) hasta lograr que quede perfectamente enrasada con las colindantes. Ello resultará tanto más fácil cuanto más fluido sea el mortero utilizado. En este caso el mortero sobrante asomará por los bordes y se podrá eliminar fácilmente, primero con la misma paleta o paletín y luego limpiando las juntas con un pedazo de papel de periódico o con un trapo que se empape fácilmente.

Si la baldosa no queda enrasada con las demás, ya sea por no haber conseguido asentarla, aunque se la haya golpeado, o al contrario, porque ha quedado a un nivel inferior, debido aun exceso de fluidez del mortero y no haber rellenado suficientemente el sitio donde se asienta, hay que sacarla inmediatamente, antes de que se produzca el fraguado del aglomerante. a Se tendrá que volver a utilizar el apalancado, antes descrito; habrá que limpiar de nuevo la baldosa, eliminando los restos de aglomerante, y rehacer el asentamiento, quitando el mortero aplicado y aplicando una mezcla nueva, que corrija el defecto en el que se ha incurrido.

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